Psicologia del Deporte
Parte 1:(8(2/3) de 12):La competencia en el Deporte
PERSONALIDAD COMPETITIVA


Cuando hablamos de personalidad competitiva deberíamos definir cuál es al concepto de personalidad al que nos referiremos. Entendemos a la personalidad como aquello singular del hombre que emerge desde su individualidad en relación directa con el medio ambiente con el interactúa activamente.
     Desde siempre el hombre estuvo involucrado con otros semejantes, lo hace innatamente un ser social. Muchos son los intentos de abarcar con un solo término la multiplicidad de factores que hacen al criterio de personalidad. Entre ellos encontramos una histórica diferenciación entre temperamento y carácter. El primero lo será para lo fijo, corporal, heredado, mientras que el segundo está reservado para lo exclusivamente psicológico.
      A su vez el temperamento es subdividido en cuatro grandes grupos: el sanguíneo (afectivo, alegre, excitado), el colérico (irascible, de “ pocas pulgas”), el flemático (apático, poco comunicativo, tranquilo, aislado) y el melancólico (depresivo, abatido), formas personales que pueden temporalmente ser modificadas por él “estado de ánimo”.
      Podríamos pensar que, si el deporte como hemos señalado anteriormente, es un propiciador de placer, los mejores deportistas los podríamos encontrar entre los sanguíneos, pero no podemos dejar de advertir que no todos los deportes reúnen las mismas características y que hay deportes que por su estructura pueden ser practicados por personas que necesariamente deban ser “sanguíneas”.
      Además cada persona tiene una vivencia del placer diferente, una forma diferente de vivir lo placentero. Por otro lado hay deportes, los racionales por ejemplo, en los que el placer se encuentra relacionado con el “movimiento intelectual”y no inevitablemente con el movimiento corporal.
      La edad, el nivel socio económico, la cultura, la posibilidad del tiempo de ocio, son también factores co-determinantes en la elección y la práctica de los deportes. Hay ciertos deportes cuya cuota de placer está en lo social que se puede encontrar en ellos, o bien están aquellos deportes que son utilizados como forma de negociación tanto económica como profesional.
      Tampoco puede tan ligeramente decirse que si la persona es extrovertida será más competitiva ya que existen deportes en los que la introversión necesaria para la atención y la concentración, el golf por ejemplo, es un factor predominante para lograr que la actividad sea exitosa. Estos dos tipos de personalidad, la extrovertida y la introvertida se presentan en forma pura y existe la posibilidad de que varíen y o se complemente.
     De cualquier modo, acorde con la estructura de personalidad se eligirán unos y no otros deportes y el nivel de competitividad estará determinado por aspectos íntimos de esta estructura y los factores externos que la estimulen positivamente.
DESDE NIÑOS
     Desde La más tierna infancia se modelan este tipo de temperamentos y caracteres, altamente determinados por el núcleo familiar y las primeras instituciones (escuela, iglesia) a las que accede el niño. Pero también en el club, el deporte operará como un modificador, contenedor y canalizador del temperamento y carácter infantil.
      Los niños al competir tanto desde los juegos como desde los deportes adecuados a sus posibilidades, van paulatinamente desarrollando habilidades físicas y psicológicas con las que a posteriori podría manejarse con mayor facilidad y éxito en la vida adulta. Al respecto faltarían estudios que confirmasen o no la presente hipótesis. Pero, hoy ya nadie niega la fundamental importancia del deporte como recreación y como formador de conductas positivas. El hecho que el niño prefiera juegos individuales o grupales nos permitiría suponer que a posteriori se dedicaría a la práctica de deportes de similares características, aunque ésta es una hipótesis que merecería ser corroborada. De hecho el favorecer en el niño el juego-deporte grupales podría incidir en el proceso de socialización y de democratización.
      Todas aquellas personas que realizan actividades deportivas grupales, aprenden a manejar más hábilmente sus capacidades competitivas. Al mismo tiempo, en un equipo no se tendrán en cuenta las diferencias religiosas, sociales, raciales, económicas. Cuando el equipo compite estas diferencias tienden a neutralizarse en pos del objetivo común, el éxito del grupo.
     La tolerancia, la comprensión, el espíritu de cuerpo encontrados en los equipos deportivos, modifican la estructura individual de cada jugador permitiéndole canalizar sus aspectos negativos dentro de un marco competitivo integral e integrante.
     Siempre un equipo será más atrayente para las grandes masas. En los deportes en los que actúa más de una persona es más fácil identificarse y ser uno de los que juegan. En estos equipos el niño no solo aprenderán reglas que regulan su personalidad individual sino que lo integra a un grupo que puede obtener con más facilidad el reconocimiento del público, entre quienes se encontrará el padre y familiares así como profesores y amigos, lo cuál aumenta en forma consecuente su autoestima.
      Si la actividad deportiva favorece el desarrollo del niño por consecuencia directa favorecerá la misma estructura familiar y cuando más significativa serán entonces aquel deporte practicado por toda la familia. Le brecha generaciones será atenuada y jerarquizado mucho más el factor integración que el factor etario.

 

Alejandro H.Vilariño
Periodista Deportivo
Estudiante de Psicologia
DNI: 25.399.637.-

vilat_ale@hotmail.com

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