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Psicologia del Deporte
Parte 1:(8(3/3) de 12):La competencia en el Deporte
¿Por que competimos?
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Competir es un verbo que se asocia con muchos otros, sobre vivir, jugar, sentir placer, obtener poder, reconocer, reconocerse, descargar agresividad, canalizar déficit personales, crecer, etc. Pero, dependerá de la forma positiva o no en que compitamos que la competencia beneficiará nuestra vida. Como la competencia es una actividad integral, todo el sistema personal está en juego. No solo los “músculos” y “órganos“ se benefician, sino que la psicología del hombre que compite también lo percibe, porque la competencia también es superación, valentía, sueño, fantasía.
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Son tantos los verbos que acompañan a competir que podríamos arriesgarnos a decir que la misma vida es competencia, pero una competencia con valores, reglas, tradiciones y modelos de conducta que le hacen desarrollar al ser humano, un profundo sentido de dignidad y equilibrio.
Durante el tiempo de la competencia existe una acentuada tensión que en las personas podría ser vivenciada como una molestia o como un incentivo.
Esa pérdida momentánea del equilibrio referido anteriormente, obligará a intentar recuperarlo por lo cuál esa tensión serviría de soporte y de sentido.
Será en aquella categoría de juegos llamados “agon” donde, según Roger Caillois (1969) se encontraría la disputa, la lucha, la competencia, el deseo de vencer y de reconocimiento de la victoria. Por supuesto habrá los deportes en los que la competencia es menor o casi inexistente, pero aún cuando invisible, el hombre compite contra aquellas “fuerzas extrañas” como ser el viento, la velocidad, la altura, el vértigo, las que aún siendo “contrincantes irreales”, se comportan con toda la fiereza de sus potencias. Este autor escribe otro tipo de juegos como ser los “alea”, juegos de azar, donde el destino, el azar, es el oponente. Otra categoría es la de la mímica, el disfraz, el drama, la imitación y por ultimo la denominada “ilinx” (del griego: remolino), dentro de la que están el esquí, el patinaje y los deportes de velocidad.
En todos estos deportes, el hombre se prueba una y otra vez. Su deseo será ganar o ganarse, sirviendo la victoria para autoevaluar sus condiciones física, el aprendizaje realizado, su nivel de esfuerzo y la “perfomance” obtenida.
Cuando se estudia profundamente la naturaleza humana, se podrá observar que existe en todos los hombres, en algunos más en otros menos, una necesidad constante de saber, de comprender aquello que se le presenta diferente, arriesgado y por tal atrayente. Ese “algo” le propondrá un desafío, el que generará respuestas creativas tanto en variedad como en contenido. Es aquí donde encontraremos que, ante un mismo deporte emergen diferentes estilos los que están en arreglo a sus personalidades, habilidades, adiestramiento realizado y posibilidades exógenas. De todos modos ya sea solo o en equipo, con experiencia o sin ella, riguroso o suelto, alto o bajo, blanco o negro, el hombre compite consigo mismo porque es innato en él, el impulso a vivir.
OBSERVANDO LA COMPETENCIA
Los niveles de maduración en los logros de determinadas metas, no son siempre objetivamente mensurables, aunque sí subjetivamente evaluables. Existen en muchas oportunidades, progresos que se detienen como quien ha llegado a un mojón y descanso puede detener el acceso a un nivel más elevado, sobre todo cuando un atleta ha conseguido un nivel de “perfomance” con un estilo de juego estabilizado y lo cambia por otro con el objeto de aumentar su campo de acción o por mera creatividad. Estos cambios pueden disminuir el rendimiento de los atletas, hasta que se instaure en los mismo tanto física como intelectual y vivencialmente las correspondientes representaciones. El éxito sobrevendrá inmediatamente se hayan integrado el estadio anterior al nuevo modelo. La seguridad así obtenida será un factor observable objetivamente ya que se impondrá su sello característico. El público podrá decir, este atleta es competente porque aún cambiando su estilo sigue siendo “bueno”. Este seria un claro modelo de autocompetencia. Aquí se ha jugado el nivel de aspiración del atleta dentro de un campo disciplinado y acorde con las experiencias anteriores acumuladas del atleta. Es el quien con ayuda de su entrenador podrá ir colocándose niveles cada vez más altos para obtener un mayor y mejor desarrollo de sus propias posibilidades.
Este nivel de aspiración bien puede ser propio o de su entrenador, pero bien puede ser estimulado por sus compañeros por las recompensas ofrecidas tanto en desarrollo profesional como monetarias, o por la filosofía de la institución a la que pertenece. De cualquier modo, su nivel de aspiración estará vinculado profundamente a la idealización que posea de su personal y al futuro al que anhela acceder. En todos estos aspectos se juega la profunda motivación que posee el ser humano para superar todo aquello que forma obstáculo a su evolución.
CAOS O COSMOS
Anteriormente hemos mencionado que el deportista regulará su actividad dentro de un campo disciplinado. Merece añadirse a esta situación el hecho innegable de que todos los hombres anhelamos un ordenamiento frente a ciertas situaciones caóticas con las que se presenta la realidad. Este ordenamiento no solo constituye una forma de delicado equilibrio entre el hombre y la naturaleza observable en el objeto de todas las doctrinas intelectuales sino en la misma estructura del deporte.
El deporte ordena, establece jerarquías funcionales, canaliza conductas, forma caracteres, es terapéutico. En todos estos lugares se juega en sus múltiples aspectos la estructura de la persona en sus múltiples aspectos. Entre ellos su moral, su honradez, su honestidad. Estos valores y la necesidad de triunfar dentro de un nivel de competencia adecuado a la actividad y a sus posibilidades generales, se manifiestan dentro de un campo de disciplina.
Esta disciplina es la que se entiende como un recurso que servirá de orientación y de guía en el proceso de aprendizaje de toda actividad deportiva. Cada persona entenderá la disciplina acorde con su experiencia y anhelos de proyección. Es esto lo que le permitirá no solo regular su propia conducta sino su adecuación a la conducta grupal.
Es innegable que una modalidad deportiva exitosa con un alto nivel en su perfomance, precisará de normas precisas y claras que regulen su actividad. El atleta podrá tener mayor seguridad si es guiado por un entrenador que a su vez es una persona disciplinada y lo muestra con su ejemplo. Este aspecto es mucho más notorio en los casos en que se traten con niños o jóvenes, los que necesariamente precisan de otro modelo o patrón con el que identificarse, más allá del área familiar, donde genéricamente el que propondrá modelos de conductas ordenadas serán los padres o familiares cercanos.
El sostenimiento (“holding”) de la disciplina es notorio en todas aquellas actividades en las que se obtienen triunfos constantes. Por otro lado la disciplina deportiva con sus particularidades, benéficas tanto al individuo, como al grupo, así también como a la actividad deportiva y a la institución a la que esté y o su equipo pertenezcan.
La disciplina tanto corporal manifestada en la práctica ordenada y sistemática de un deporte como en la intelectual permitirá evaluar con mayor claridad la perfomance obtenida.
Pero al respecto merece destacarse que es disciplina no carece de la necesaria estimulación placentera para el deporte ya que posee en el conjunto de normas y reglas que la conforman, una inmediata sensación no solo de gozo corporal sino de aquello que tiene que ver con el “deber cumplido”.
Todo en la naturaleza, aún cuando se nos presente superficialmente desordenado, sigue un plan determinado que le permite su supervivencia, su desarrollo, su crecimiento y su trascendencia. Si bien aún bajo formas exuberantes y algunas de ellas, “caóticas”, la naturaleza brinda su impronta a la mirada de los hombres, el proyecto que la sustenta está sujeto a normas que le son imprescindibles. Aún más allá de los seres que conforman el hecho natural, todos ellos están regulados en los denominados ecosistemas. Seré el atleta el que con una actividad disciplinada, ordenada metódicamente y acorde con los patrones imperantes para su actividad, conformará un estilo de ecosistema deportivo en el que entrarán su persona, su entrenador, su grupo, el público, la institución. Y será en el mejor de los casos que este ecosistema mantenga su equilibrio por medio de una disciplina plástica y creativa.
La misma historia humana, muestra que periódicamente se pierden los logros obtenidos en base al esfuerzo realizado por todos aquellos seres que proponen a la prolongación de la vida en nuestro planeta. Es entonces cuando se hace necesario un nuevo reordenamiento de las normas que regulan la conducta humana y en el que la disciplina como un recurso creativo permite la superación del caos.
Sí analizamos detenidamente a todos los deportes, no solo observaremos que ninguno de ellos posee una forma caótica sino que por lo contrario, son ordenados siguiendo una estética que hacen a su estructura y consistencia y que cuando una persona los practica puede identificarse son estos patrones enriqueciendo su vida en forma criteriosa y placentera. Por este entre otros muchos motivos, es que estamos convencidos que el deporte guarda en su interior un poderoso núcleo de creatividad que estimula el progreso ordenado del hombre desde lo más intimo y singular de su estructura.
Alejandro H.Vilariño
Periodista Deportivo
Estudiante de Psicologia
DNI: 25.399.637.-
vilat_ale@hotmail.com
www.Psicoescucha.com
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